13 abr 2011

Leyenda


Hoy siento dentro como un no sé qué azul. Me da por pensar que puede ser la primavera. Es como si me faltase el oxígeno. Y los granos de polen ya me están bailando. ¿Y si no es únicamente eso? Porque el sol me trae tu aroma, tu perfume baña mi alma y no soy más que la parte última de una cadena de recuerdos que se arrojan al agua. Para ti no quiero tener límite, pero es tan injusto que, por más que lo intento, no pueda ni tan sólo rozarte... Qué suavidad, qué frescor, qué paz es la que se esconde en tus recovecos amarinados. Así no me extraña que en simplemente un sueño recorra la distancia que nos separa como si la vida, al lado de eso, no fuera ni tan siquiera necesaria. Llevo tu nombre donde me dejan. Mas hay una barrera, hay algo que nos separa. Por eso no me conoces. Es posible que no nos hayamos entendido. Tú eres la piel azucarada, y yo simplemente soy el viento que se fuga. Me duele que ni siquiera sepas que existo. Y que lo único que permanezca en el tiempo sea la leyenda de que una vez el viento se enamoró de una hermosa sirena, y la perdió al no poder atravesar el agua.




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